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PAUL RICOEUR (1913-2005) Leer un texto, leer el mundo Historia y poética de la existencia En La mémoire, l'histoire, l'oubli (2000) Ricoeur muestra que en la lucha de la memoria contra el olvido pueden desplegarse diversas estrategias. Se ocupa de las dificultades para decir lo indecible, lo que duele. Analiza los obstáculos para escuchar el testimonio límite, aquel en que el dolor o el miedo anudan la garganta. La historia como memoria intencional y creativa, puede superar el olvido cómplice y el silencio provocado por el terror y lo insufrible, mediante la alternativa del perdón y el valor ante el testimonio límite. La narración histórica puede conjugar la poética de la existencia -esa habilidad creativa de producir un sentido de la vida-, la capacidad terapéutica de re-posicionarse frente al dolor, lo inevitable y lo indecible y la grandeza política que nos permite vivir amorosamente con los otros, en el marco de instituciones justas. Formulando una erótica de la historia, al abordar la lectura de relatos empíricos como un intercambio entre el lector, el autor y la obra, un juego entre distancia y apropiación, entre fijación y ausencia del mensaje original, entre escucha y réplica. El relato histórico al describir la vida, la vuelve soportable y comprensible, permite ensayar decisiones, es un artefacto literario para representar "lo real", en medio de un intercambio pasional entre los hombres del pasado, el presente y el futuro. Asi Ricoeur plantea que el historiador examina la vida de sus antecesores en fuentes defectuosas, taquigrafiadas por la mano de testigos incompetentes -y a veces mal intencionados- que describen acontecimientos polémicos y refractarios a una sola lectura. El relato original de un acontecimiento histórico establece una tensión entre la configuración secuencial y configurativa producto del arte de narrar. Cuando el historiador pasea los ojos por el documento, se convierte en un nuevo narrador, con un nuevo punto de vista y una nueva relación entre el narrador y lo narrado. El relato histórico que emerge de la lectura de las fuentes tiene una enorme importancia, no solo porque cuenta una serie de acontecimientos que consideramos reales y aceptamos como la génesis de nuestro presente, sino sobre todo, porque la forma de contar confirma o refuta la realidad política existente, presupone una manera de ser en el mundo, una forma de compartir, una manera de ser cada uno y de ser con los otros. El historiador transforma el hecho en acontecimiento, la experiencia en narración, lo vivido en lo contado, lo acontecido en lo interpretado. Las exégesis de la historia pueden ser múltiples, pero solo algunas son plausibles. De entre las creíbles, las diferencias entre sus escorzos resultan altamente significativas. ¿Por qué una versión omite un hecho otra que versión resalta?. Ricoeur práctica una fenomenología de la memoria, explora los usos y los abusos de la evocación y reflexiona sobre la hermenéutica de los hechos históricos. En su obra, la reconstrucción de lo real se plantea como un alejamiento de la experiencia, un cocinar lo crudo, un procesar la experiencia directa, una manera de responder a la pregunta ¿qué quiere decir vivir juntos? Autobiografía y responsabilidad La identidad es entonces una acción, un construirse, un empalmar historia y ficción, encabalgar ipseidad y mismicidad. Relatar la vida es dar cuenta de ella, aquilatarla, confirmar o refutar lo que uno ha hecho, reinterpretar y valorar, realizar un acto ético compuesto de responsabilidad y libertad. La autobiografía es para Ricoeur relato en el que intervienen interlocutores narrativos y oponentes de la acción, una historia llena de pliegues, intensidades y sorpresas, una puesta en escena, en continuo conflicto y comunión con otras vidas y otras historias. Narrar la vida personal o colectiva es un espacio de responsabilidad ética. Como ha señalado atinadamente María Rosa Palazón (2005) para el filósofo francès narrar es una acción encaminada a vivir bien, con y por los otros, con instituciones justas, se trata por lo tanto, de erigir en relato lo vivido, musitar las palabras que conciten el aprecio por "uno mismo" y por los otros, aceptando la observación de un tercero. La obra de Ricoeur construye instrumento para la anagnórisis o el conocimiento "de sí". La identidad individual y colectiva es una praxis, un coordinar práctica
y narración, acontecimientos históricos y relatos mediáticos,
episodios universales y versiones de clase, acciones y formas de contar,
realidades y deseos. Aventurarse a narrar la vida (de una iglesia, una
empresa, una escuela, un barrio o una cultura) es atreverse a reconfigurar,
a entretejer nuestra historia con la de otros, urdir la trama en que nos
fundimos en la especie. Los distintos modelos narrativos de los relatos
empíricos plantean estrategias epistemológicas, crean íconos
estéticos y utopías políticas, con los que los distintos
grupos sociales negocian el "principio de realidad". Ricoeur
convoca a afrontar la tensión entre la vida y su relato, entre
la historia como lo que duele y se resiste a la simbolización,
y el incansable esfuerzo por humanizar el mundo poblándolo de símbolos
y valoraciones, tejiendo la filigrana del sentido. Para María Rosa
Palazón, en su estudio antes citado, en Finitud y culpabilidad
(1991) la palabra es liberadora, porque explora y afronta el mal, para
entenderlo, superarlo y dejarlo atrás, pero también porque
nos abre la posibilidad de escuchar y ser escuchados. BIBLIOGRAFIA Alberto Betancourt
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