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PRESENTACION
Cristina Peñamarín Beristain y Walter Mignolo
 
Las jornadas sobre “Comunicación y conflicto intercultural. Fronteras y traducciones”, que se llevaron a cabo en mayo de 2002 en Madrid y que dieron origen a este volumen, pusieron en diálogo dos paradigmas de pensamiento: uno proveniente de la semiótica y otro proveniente de investigaciones en torno a modernidad/colonialidad (fundamentalmente de raigambre sudamericana y latina en Estados Unidos). El punto de contacto entre ambos paradigmas fue la perspectiva crítica, disconforme con las desigualdades, de todos los participantes, a pesar de las divergencias epistémicas.
Más allá de los encontrados diálogos que revelaron, una y otra vez, esa radical diferencia epistémica, el congreso puso de relieve que no hay ya lugar para las certezas de las culturas monológicas; la perspectiva común de los participantes postuló el lugar de la diferencia como uno de los nodos de la comunicación y el sentido. La diferencia, concepto largamente desarrollado por la tradición filosófica, semiótica, lingüística y sociológica, fue uno de los centros del diálogo, que propuso al respecto que no son las diferencias las que hacen fronteras, sino aquello que se mantiene como innegociable en las interacciones. Los participantes coincidieron en su interés por identificar esas fronteras-muro, así como las otras fronteras, las fluidas, porosas, los intersticios donde los dominios de las diferencias se descolocan y se hacen negociables las experiencias, los intereses y las identidades. Se abogó entonces por la imaginación teórica, necesaria para la invención de una cosmopolítica capaz de llevarnos más allá de las desiguales globalizaciones inapelables.

En este sentido, las disciplinas desplazan también sus fronteras para contribuir a la comprensión de un mundo en veloz transformación. Pero el esfuerzo por hacer posible la traducción epistémica implica una mayor comprensión de cada uno de los paradigmas involucrados. Por lo tanto, para entender los términos del debate y la tesitura de los argumentos que integran el volumen, el lector deberá tener en cuenta estos dos paradigmas:

a) el paradigma semiótico, para el cual la diferencia y la traducción son constitutivas de todo proceso de sentido, aleja de su perspectiva cualquier esencialización y monologización. Para este paradigma, en lugar de pensar la identidad como exclusión, es preciso abordar las múltiples articulaciones de lo diferente y lo semejante, lo material y lo simbólico, el poder y la resistencia, y atender a la construcción narrativa y dialógica de las identidades, a las dinámicas de intertraducción, de incorporación de lo extraño en lo propio, de gradación y cristalización de las diferencias, así como a la producción social de nuevos vínculos, lenguajes, objetos y sujetos que intervienen en las relaciones entre comunicación, cultura y poder.

b) el paradigma modernidad/colonialidad, que sostiene que la comunicación y el conflicto intercultural tienen como eje la “diferencia colonial”, esto es, las diferencias mediante las cuales los discursos hegemónicos de los varios imperios del colonialismo moderno mantuvieron el sentido de inferioridad de grupos humanos, historias locales e incluso regiones del planeta, en nombre de un ideal por alcanzar (cristianización, civilización, gobierno del proletariado, desarrollo), la modernización como proceso proclamada por la modernidad como punto de llegada. Para el paradigma modernidad/colonialidad, la colonialidad es constitutiva (y no derivativa) de la modernidad; esto es, no hay –no puede haber– modernidad sin colonialidad, puesto que la colonialidad es lo que justifica la marcha triunfante de la modernidad (eurocentrada) sobre otras historias, legalidades, economías, religiones del planeta. Las “diferencias culturales” son, en este paradigma, el disfraz superficial de las “diferencias coloniales” en las cuales se juegan, constantemente, los conflictos políticos, religiosos, económicos, legales, marcados por el diferencial de poder de la diferencia colonial. En este paradigma la “globalización” neoliberal representa una nueva forma de imperialismo/colonialismo y, por lo tanto, de la lógica histórica de la modernidad/colonialidad.

En Madrid, entreguerras, acuciados por los episodios cotidianos de la contienda y la desolación, los participantes abordaron el conflicto, planteándose preguntas tales como: ¿Qué hace innegociables ciertas diferencias? ¿Cómo se juegan los valores y los sentimientos de una colectividad, cómo se les da forma en un discurso que respalda o combate una política colonial? ¿Cómo intervienen las tradiciones figurativas y narrativas para construir la demonización del enemigo, el monstruo necesario para librar un conflicto económico, político, religioso? ¿Cómo se articulan intereses político-económicos, violencia y discursos y mediaciones masivas para procurar el resurgir de identidades de amplia dimensión que se creían olvidadas, como Occidente e Islam?

Ante la fluidez de la sociedad de la información, que recrea barreras y ahonda exclusiones, mientras procura la emergencia de nuevas realidades –desde cuerpos y sujetos híbridos hasta movimientos sociales mutantes–, los participantes se propusieron indagaciones necesariamente parciales, pero atentas a la dimensión global de las transformaciones y a la exigencia de reflexión transdisciplinaria y dialógica.

El futuro no puede pensarse hoy como el triunfo de UNA verdad “buena” que en vez de imponerse por medio de las armas y el capital se impondría por el mero deseo y el reconocimiento de la “bondad” de tal verdad, un mundo ideal donde todo el mundo acepte la “verdad” en cuestión. Si un mundo tal existiese, no existiría conflicto cultural por la simple razón de que tampoco habría comunicación. Sería un mundo de zombis, calmados por los medicamentos que mantenían tranquilos y subordinados a los personajes de One flew over the cocoo’s nest, la película de Milos Forman.