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EDITORIAL
Lucrecia Escudero Chauvel

Un nuevo paradigma de saberes se abre con la conjunción de las tecnologías digitales, morfológico y perceptivo a la vez. Para comprender la amplitud de estos cambios y sus consecuencias es que este número de deSignis, pensado, diseñado y coordinado por Rafael del Villar y Carlos Scolari, ambos reconocidos especialistas latinoamericanos en semióticas y tecnologías digitales, se presenta como un punto de inflexión en nuestra serie de números monográficos.

Abordar el hecho tecnológico como estrechamente ligado a las formas del pensamiento –una hipótesis sobre la emergencia de una antropología de las ciencias y de las técnicas como la vería Bruno Latour – permite empezar a pensar en una  coyuntura técnico-visual-perceptiva diferente que reformula sin duda el espacio comunicativo e informacional. Una nueva epistemología, una “ecología cognitiva” según Pierre Lévy que vuelva central el concepto de interface (un dispositivo de traducción y de re-envíos) y el de red como colectivo, fragmentando al sujeto trascendental kantiano. El hipertexto, intertextualidad de signos lingüísticos, de sonidos y de imágenes, presuponen la forma de la enciclopedia como repertorio de saberes virtuales como telón de fondo a la actividad interpretativa,  y  su producción, la idea de un modelo de lector. Este punto de confluencia entre la semiosis que implica la noción de interface, con el de interpretación y de  percepción que implica la de hipertexto vuelve crucial el punto de vista semiótico.

Regresa también uno de los grandes temas de Gregory Bateson, el de la información, un concepto relacional, una estructura que se deja traducir, transformar, adaptar – por una computadora, por una lengua extranjera, por una interacción. El cálculo de esa información (su digitalización) ha estado en el origen simultaneamente del paradigma comunicacional e informacional desde Shannon y Weaver hasta Bateson y Wlatzlavick. Las conferencias Macy (1946-1953) y las tempranas metáforas del cerebro como una computadora abren la puerta de la cibernética y de la inteligencia artificial (Wiener, Mc.Culloch) pero sobre todo la vinculan con una idea de prótesis del sistema nervioso. 

El lugar del cálculo se vuelve central: cuanta información? toda la información? lo que autoriza a tambien preguntarnos si  las tecnologías digitales tienen una estretegia. Alan Turning (1950) había bautizado a su celebre máquina Enigma, tratando de responder a una pregunta simultaneamente fáustica y platónica: las máquinas pueden pensar? Von Neuman (1958) padre de la computadora, de las neurociencias y de la teoría del juego es crucial para la instalación de la relación entre cerebro y cálculo. La práctica de la computación es en efecto operaciones de selección, combinación y traducción del desorden al orden, la percepción es en si misma un cálculo por el cual el cerebro vuelve pertinente un rasgo y lo traduce en un modelo.

El constructivismo radical de von Foerster (1973) para quien el medio ambiente es un invento nuestro, reformula la actividad del conocer: computar descripciones de una realidad. El cerebro es una gran máquina de traducciones que propone categorías para pensar el mundo, este es por definición “lacunario”. Sin duda el avance de la neurociencias en los años ochenta y  noventa han reforzado esta asociación epistemológica que reanuda con la clasica tradición de los autómatas del siglo XVII, deconstruyendo una historia metafísica del sujeto y de la subjetividad. Como no evocar la reflexión de Eco sobre  Kant , su ornitorrinco y su lector modelo? Como no ver en la semiosis peirciana el proto-modelo de una actividad de interfaces e hipertextos? Paradigmas que, históricamente, jamás se cruzaron.

En su último libro Paolo Fabbri (2003) ironiza sobre los cambios y las actitudes que observamos frente a la Técnica, los tecnófilos y los tecnofóbicos, y como el objeto técnico y sus prácticas se han vuelto fetiches de caución de modernidad y han entrado en nuestra vida como objetos no humanos. En realidad el sueno del autómata: convivir en paz con el hombre.

Una nueva metafísica del objeto y de su función (su calculo, su economia) se instala también. La multimedialidad, mórbida, porosa, global presupone no sólo una pluralidad de sistemas de comunicación sino paradójicamente, la utopía del objeto  tecnológico único, polifuncional, a la vez cine, teléfono, televisión, radio, lo que nos incita a tener otra relación con el tiempo –  las nuevas tecnologías tienen el poder, como las noticias, de volver obsoleto  todo lo que tocan-,  y con el espacio – “me encontré con un tal en la red”, “fui al sitio del Louvre”-  y esto nos invita a no desplazarnos más: tenemos el mundo en casa. Nuevo teatro del mundo moderno, lo virtual se ha dicho, tiene el poder de abolir lo real en un nuevo realismo. Pero sobre todo producen conductas de adicción y de adaptación: los objetos multimedios están entre nosotros, toda una gama de arquitectos, diseñadores y decoradores de interiores están inventando las formas de vivir con ellos, de ocultar los cables, de ponerlos en evidencia. El espacio de la televisión, consola y computer –lúdico y de trabajo a la vez- ha suplantado el lugar que ocupaban las bibliotecas de boiserie en las casas burguesas del siglo XIX.

Guido Ferraro (1999), observando como la publicidad en Internet ha transformado la noción de cliente con el pago automático en la red, afirma que estamos simultaneamente frente a la entera transformación social de la estructura comunicativa y de la industria. Me resulta evidente que las nuevas tecnologías han terminado de cincelar el termino “globalización”, transformando las formas de circulación y producción de mensajes, como la aparición de la cocina o de la heladera cambiaron las formas de comer. Ferraro avanza la idea que la superioridad del computer como máquina – a diferencia del lavarropas- es que este no fue concebido para desarrollar una tarea en particular sino muchas simultaneamente, es lo multimedial – y lo que este concepto tiene de sincrético y de interacción – lo que marca el paso de la era post-industrial. Una nueva economía de las técnicas y de las máquinas viene a injertarse en un espacio y en un tiempo diferentes.

Es curioso: antítesis del pensamiento mágico, colmo de la racionalidad occidental, las tecnologías digitales producen efecto de magia. Entramos en contacto, sufrimos ritos de iniciación y perfeccionamiento, hay un lado oscuro de delitos y peligros, perversiones y crímenes, realizando el pacto faustico del hombre con el diablo. Y también producen un efecto religioso: hay una acesis de la tecnología, nos relacionan -de religare, en la base de la palabra religión- con una comunidad virtual, la comunidad de los santos de internet. Las tecnologías digitales encarnan todos los temas de una nueva y poderosa mitología moderna: la red que iguala, el anonimato , el intercontacto y el simulacro de la mente, la semiosis ilimitada de la navegación que reproduce tecnicamente las sinapsis del cerebro, el secreto y el complot. Hay alguien detrás de internet? Generando dependencia e ilusión, las nuevas tecnologias son depositarias del deseo de  cumplir todos los sueños y en este sentido es que son básicamente  extravagantes y fundamentalmente una aventura. Por eso nos seducen. Este numero de deSignis se deja fascinar esperando tener a sus lectores adictos en el suspenso de la modernidad.

La Directora

Referencias Bibliográficas
 
ECO, U (1997) Kant e l’ornitorrinco. Milano: Bompiani.
BOUGNOUX,D (ed) (1993) Sciences de l’information et de la communication. Textes essentiels. Paris: Larousse.
FABBRI, P (2003) Segni del tempo. Lessico e dialoghi politicamente scorrettti. Rimini: Guaraldi.
FERRARO,G (1999) La publicità nell’era di Internet. Roma: Meltemi.
WATZLAWICK, P et a. (1988) La realidad inventada. Barcelona: Gedisa.