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Una mirada oblicua , dijo Emilio Garroni cuando, en su última conferencia en Buenos Aires en 1993, en el marco del Primer Congreso Latinoamericano de Crítica y Estética organizado por Rosa Maria Ravera, explicaba la relación de la Estética con la Semiótica. Ambos reinciden con el problema: la argentina, una de las más reconocidas especialistas de Estética en América Latina, coordinando este número; el filósofo italiano, presente con un texto póstumo e inédito en español, participando en deSigniS que le rinde así, un homenaje. La cuestión no es nueva y sobre todo es compleja. Permítaseme un rodeo histórico. En 1974 Hubert Damisch presentó en el Primer Congreso de la AISS/IAS en Milán, organizado por Umberto Eco, una ponencia bajo el sugestivo título «Ocho cuestiones (por o contra) una semiótica de la pintura». Damisch enumeraba un conjunto de problemas: de la « verdad » en pintura - que seria objeto de un libro por parte de Jacques Derrida en 1978-; la variedad del conjunto «hetéroclito» del mundo plástico -como diría Saussure con respecto al lenguaje-; la existencia de un «sistema» de la pintura - y aquí seguía a su maestro Pierre Francastel que en 1967 había publicado un libro que inicia con una larga reflexión sobre los signos pictóricos-; el campo de la iconografía, con el estudio de líneas, contornos, colores y luces como límite a una semiótica pictórica - que en realidad desarrollaba mejor Erwin Panowfsky-; en fin, la existencia o no de un nivel semiótico en la pintura que podría confundirse con «estilo». Damisch, buscando otro tipo de articulación y estrellándose con un problema sin solución entonces como era el del lenguaje digital y la doble articulación, prefiere hablar mas bien de una semiótica de la imagen en general, donde la pintura sería un caso específico, con una referencia teórica para salvar el obstáculo: Charles Sanders Pierce, el concepto de hypo-icono y la relación de interpretancia (cfr. DeSigniS n°4). Un precursor de las relaciones entre Estética y Semiotica, Pierre Francastel, explicaba la pintura como un sistema autónomo de signos organizados en un campo figurativo, pero este estudio del nivel de significación debía complementarse con un conocimiento historiográfico y técnico. El gran salto adelante del arte abstracto era, para Francastel, la gran revolución del siglo XX porque por primera vez se asistía a la autonomía del artista con respecto a la autoridad. Esta etapa estructuralista, que Gianfranco Marrone llamara de «interdisciplinaridad» porque ambas disciplinas estaban en la búsqueda de afinidades, se abre sin duda con la vanguardista aparición de dos textos celébres como fueron la Obra Abierta de Umberto Eco (1962) y la Critica del Gusto de Galvano della Volpe (1960) y se cierra con el Progetto di Semiotica de Emilio Garroni (1972) y el Trattato di Semiotica Generale (1975) del mismo Eco. Sin embargo las relaciones entre Estética y Semiotica, en el campo italiano donde fueron enunciadas, no pueden desprenderse de lo que a mi juicio marcó esta interdisciplinaridad que iba más allá de una moda : la necesidad de deslindarse del inmenso horizonte de la estética crociana ( Breviario de Estética, 1913) y avanzar en volver explicable lo «inefable». De ese período fundador, reencontramos todavía los ecos de la pluralidad de los medios expresivos, de las diferentes materias significantes en sus funciones plásticas (cfr. deSigniS n° 10), el problema de la especificidad de los lenguajes, particularmente remarcada por Garroni y de allí su reclamo de Louis Hjelmslev, por último la idea de la obra de arte como una metáfora epistemológica abierta al mundo, pero sobre todo a su interpretación, completada en el circuito de la recepción y que Eco pulirá y retomará hasta sus últimos libros. Si el periodo fue fértil, no lo era por la aplicación de las teorías de Wiener sobre la información y la redundacia al mundo de la estética, sino por su efecto colateral: la inscripción de la obra de arte en un circuito de comunicación presupone inmediatamente el concepto de interpretación e interacción. De hecho Garroni rompera con la semiotica en su libro Ricognizione della semiotica (1977) en una negativa a pensar las modalidades de expresion no verbal de manera taxonómica, por rigurosa jerarquía de clases. Y aquí los caminos se bifurcan. La década de los 80 vio irrumpir en territorio semiológico el tema de las cauciones epistemológicas y la distinción -siempre de Eco- entre semióticas aplicadas y semióticas generales en la descripción de la producción de sentido. Metodológicamente los fenómenos estéticos no son objeto de la Semiótica, que se ocupará de describir las condiciones, los mecanismos, las operaciones por las cuales aparece el efecto estético. Hay un deslizamiento hacia la visualidad, la textualidad, la intertextualidad y concomitantemente, una reflexión entorno a la enciclopedia, más que a un diccionario, como condición de la estructura de la semiosis, a partir presisamente de la ambigüidad de la obra de arte. Si esta tiene contenidos y propiedades estructurales y por consiguiente, es analizable -dejando atrás definitivamente la inefabilidad crociana-, también será posible hablar de una estética televisiva, que es también un producto visivo (cfr. deSigniS n°7/8). La respuesta a los problemas de un tipo particular de manipulación significante como es el que resulta de la obra artística, será abordado por A.J. Greimas en un texto clásico que marcó un cambio en el tipo de discusión. En Sémiotique figurative et sémiotique plastique (1984) Greimas distingue dos categorías dentro de una semiótica visiva: la plástica, categoría del plano de la expresión que estudia las manifestaciones visuales como son los movimientos cromáticos, topográficos, de volúmenes, de luces yde contrastes. Y una semiótica figurativa, de la que la semiótica plástica forma parte, que articulará los grandes ejes organizadores del imaginario. Las articulaciones plásticas constituyen la dimensión profunda y abstracta de la figuratividad. Esta última no es patrimonio excluyente de lo visivo en el sentido lato de la expresión, y de hecho puede existir un nivel figurativo en una forma narrativa o en un texto de ficción. De allí la elaboración del concepto de semi-simbólico -una solución al problema de la doble articulación lingüística- que dará cuenta de los lenguajes monoplanares, donde no hay conformidad entre unidades del plano de la expresión y del contenido sino correlación entre categorías, reintroduciendo la motivación en el signo. La fecunda reflexión de Jean Marie Klinkemberg profundizará esta perspectiva. La Estética y la Semiotica rediscutieron las condiciones de subjetividad del juicio kantiano (Eco, Garroni), los fenómenos de experiencias perceptivas (Eco) y en un cruce de fin de milenio, las pasiones (Greimas, Fabbri). En una cuidada edición, que agradecemos particularmente a Teresa Velazquez, este número presenta dos inéditos en español, los artículos de Paolo Fabbri y de Umberto y Patricia Magli y publica un texto póstumo de Nicolás Rosa, especialmente para deSigniS , que da cuenta de estas sutiles escaramuzas. Este número entra en prensa cuando se produce el lamentado fallecimiento del profesor Rosa, quien fuera primer Presidente de la Federación Latinoamericana de Semiótica y actual Presidente de nuestro Comité Científico. Para recordarlo entre todos la revista dedicará su próximo número como homenaje a ese gran maestro de la crítica en lengua española, que también nos formó para ejercer una mirada oblicua . BIBLIOGRAFIA DE REFERENCIACALABRESE, O. CALABRESE,O. (ed) COHN,D. CORRAIN, L. y VALENTI, M. (ed) CROCE, B. DAMISCH,H. DELLA VOLPE, G. DERRIDA, J. ECO, U. FABBRI, P. FLOCH, J.M. FONTANILLE, J, FRANCASTEL, P, GARRONI, E, GOMBRICH,E. GOODMAN,N. GREIMAS,A.J.. MARIN,L. MARRONE, G. MARRONE, G (ed) POZZATO, M.P. VATTIMO,G. BOZAL, V. (ed) CIPPOLINI, R. (comp.) DIDI-HUBERMAN, G. DANTO, A. FOSTER, H. GENETTE, G. GIUNTA, A. Y MALOSETTI COSTA, L. (compiladoras) GOMBRICH, E. H. KLINKEMBERG, J.M. MASOTTA, O. REVISTA DESIGNIS ROSA,N. SCHAEFFER, J. M. SHINNER, L. STEIMBERG, O. y TRAVERSA, O. STEIMBERG, O. y TRAVERSA, O. (eds.)
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